Traspasó el umbral de la puerta, con el alma encogida, era su primer dia de trabajo, las paredes grises de pintura ajada por el paso del tiempo, aquella entrada de servicio no iba en consonancia con la entrada principal al edificio, dónde la lámpara de araña iluminaba el suelo de marmol reflejando destellos de luz divina, dándole la bienvenida al visitante pudiente. Pensó que quizás se equivocó al cambiar su mundo, humilde de su Cuba natal por un triste empleo de chacha en la sociedad de bienestar. Aquí no había playas inmensas salvajes, dónde el aire huele a aire, dónde la brisa límpida lame tu cara tostada por el sol.
No osó tocar el timbre de la puerta de los amos, deshizo sus pasos y volvió a salir. Con una sonrisa reflejada en su rostro de piel morena, dejó que aquel taxi como si de una patera se tratase la devolviera al aeropueto dónde desplegaria sus alas libres y cual Juan Salvador Gaviota, volaria alto y lejos, de vuelta a "su libertad".